Chiguayante, con más de 85,000 habitantes y asentada en una terraza fluvial al margen del río Biobío, presenta un desafío claro: los suelos de origen sedimentario con presencia de limos y arcillas no drenan igual que una grava de piedemonte. Un diseño de pavimento flexible que ignore la susceptibilidad a la humedad y el tráfico de la Ruta de la Madera está condenado al ahuellamiento prematuro. Nuestro equipo aborda cada proyecto desde la mecánica de suelos local, determinando el Módulo Resiliente (Mr) de la subrasante y las capas granulares según la metodología AASHTO 93. Antes de definir espesores, es tan crítico verificar la capacidad de soporte con un ensayo de CBR vial como conocer la respuesta dinámica del suelo ante un sismo, algo que en Chiguayante no es opcional.
En Chiguayante un CBR de subrasante inferior al 5% sin estabilización previa reduce la vida útil del pavimento flexible en un 60% según los modelos de fatiga de AASHTO.



