Chiguayante creció entre el río y los cerros, sobre depósitos fluviales que mezclan arcillas limosas con arenas finas. Cada proyecto que excava acá encuentra un paquete distinto, a veces en menos de dos metros de profundidad. La plasticidad de esos estratos define desde el tipo de fundación hasta la estabilidad del talud trasero. Por eso aplicamos los Límites de Atterberg con protocolo ajustado a suelos húmedos del Biobío, midiendo el límite líquido, el límite plástico y el índice de plasticidad con precisión de laboratorio. Antes de mover tierra en Chiguayante, saber si el suelo se comporta como sólido o como fluido ahorra problemas. Complementamos estos ensayos con una granulometría completa cuando el perfil presenta lentes de arena que alteran la respuesta mecánica del conjunto.
El límite líquido de un suelo en Chiguayante puede variar 15 puntos entre temporada seca y lluviosa: muestrear en invierno no es opcional, es norma.



