En la práctica diaria de la geotecnia en Chiguayante, vemos con frecuencia que los suelos de la terraza fluvial del Bío Bío presentan una variabilidad granulométrica que sorprende incluso a colegas de otras regiones. Lo que en una cuadra es una arena limosa bien graduada, dos cuadras más abajo se convierte en un limo de plasticidad media con lentes de grava. Por eso, cada vez que un proyecto de edificación o vialidad se emplaza en la comuna, insistimos en que el análisis granulométrico completo —combinando tamizado mecánico e hidrómetro— es la primera radiografía real del terreno. Un ensayo CPT puede dar perfiles continuos de resistencia, pero no reemplaza la clasificación fina que se obtiene con una curva granulométrica bien ejecutada; de hecho, en suelos con contenido de finos superior al 12%, ambas técnicas se complementan para definir el potencial de licuefacción que tanto preocupa en la zona sísmica 3 de la NCh433.
En Chiguayante, un 5% de diferencia en el pasante #200 puede cambiar la clasificación del suelo y la estrategia de fundación completa.



