Las diferencias geotécnicas entre un proyecto emplazado en la terraza alta de Lonco y otro en la planicie ribereña de Manquimávida son abismales en Chiguayante. Mientras que las cotas superiores suelen apoyarse sobre estratos más densos, las zonas bajas, cercanas al río Biobío y a los humedales, presentan depósitos de arena limosa saturada que durante un sismo pueden perder su resistencia por completo. Este fenómeno, conocido como licuefacción, transforma el suelo en una masa fluida incapaz de soportar estructuras, y su evaluación no es una opción sino un requisito normativo cuando el nivel freático está alto. Para abordar esta problemática, el ensayo SPT permite obtener muestras alteradas y valores de N60 que alimentan los modelos de predicción de Seed e Idriss, mientras que la correlación con la granulometría define la susceptibilidad intrínseca del material. En Chiguayante, donde la napa freática aflora a menos de dos metros en varios sectores, la combinación de métodos in situ y análisis en laboratorio es la única vía para cuantificar el riesgo y diseñar fundaciones que no colapsen durante el próximo evento sísmico importante.
Un suelo arenoso saturado puede perder más del 80% de su capacidad portante en segundos si no se evalúa correctamente el potencial de licuefacción.



