Chiguayante se asienta sobre una llanura aluvial ligada al río Biobío, con depósitos que alcanzan fácilmente 80 metros de espesor en algunos sectores. Eso explica por qué la respuesta sísmica varía tanto de un barrio a otro. Para mapear esas diferencias sin excavar ni perforar de entrada, utilizamos la tomografía sísmica de refracción y reflexión. El tendido de geófonos nos entrega un perfil continuo de velocidades de onda P y S, clave para identificar contactos entre gravas arenosas, estratos finos y el basamento rocoso más profundo. En proyectos sobre la avenida Costanera o cerca de la falla geológica que cruza al oriente de la ciudad, un ensayo MASW complementa la información de ondas superficiales, afinando la clasificación de sitio según la norma chilena.
Un perfil tomográfico en la ribera del Biobío puede revelar paleocanales ocultos que un sondaje puntual jamás detectaría por sí solo.



